martes, 16 de septiembre de 2008

15 de septiembre

Así estuve igual que ahora, solo otra vez, encerrado en mi cuarto, tratando de olvidar ese 15 de septiembre. Muchos años han pasado ya, pero lo recuerdos están nítidos, impresos de manera brutal en mi retina que es la pantalla de mi alma; creo que siempre en mi alma estará.

Nunca he hablado con nadie sobre lo que paso, pero, ahora, creo que este es un espacio que puedo usar; recuerden que este es un espacio sin lectores.

Fue un quince se septiembre hace 13 años, mi familia y yo fuimos a celebrar el grito de dolores, todo transcurría normal como siempre: los puestos, la gente celebrando y bebiendo, la alegría y el desmadre y, como siempre, todo condimentado por el olor a pólvora quemada y las explosiones en el cielo. Caminamos juntos por última vez como familia. Llegamos hasta donde se encontraba un grupo de adolescentes quemando cuetes, nos alejamos, pero, unos de ellos aventó una bengala y le cayo directamente en la cuenca del ojo de mi hermanito de 6 años, esta se encajo en el cráneo de mi hermano mientras mi madre intentaba quitarla. Mi padre la quito a sabiendas que era imposible y ya no había nada que hacer.

Bueno, eso no paso, pero quería un pretexto que fuera lo suficiente fuerte como para que yo, es decir, entienden, me la pase el 15 de septiembre sobrio. Unas de las fechas para poder ponerte pedo con el pretexto que celebramos el grito de un cura con malas estrategias militares.

Diablos.

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